sábado, 29 de diciembre de 2012
jueves, 27 de diciembre de 2012
...y Julio Contreras
(Revista "CANTO RODADO", Febrero de 1.980)
Sobre tu piel no
quedan vestigios de mi acoso
y, aunque entonces
solías prometerme infinitos,
tu total transparencia,
la sorpresa
indecible del luminoso hallazgo
no duró para
siempre
En tu pecho de niña
no hallé puerto seguro.
No, no eras todavía
ni la fruta en
sazón ni la barca dispuesta,
no bastaba a mi
empeño que tus besos y el tacto
de tus manos
crispadas
quebraran
espejismos, deshicieran las tinieblas
o espesaran lo
claro de mis vagos tanteos…
Y hubo,
seguramente,
momentos en que
hubieras
cambiado tu futuro
por un plato de mi alma,
por un sorbo de
aliento de mi boca entreabierta.
Sin embargo hoy no
acierto a aprehenderte de nuevo,
se me escurre tu
imagen y tu voz es un río.
Cada noche es más
cruda y tu calor más lejano.
Mis recuerdos se
espantan si me acerco a estrecharlos
temerosos del
monstruo en que me voy convirtiendo.
Todas las
primaveras no renace la vida,
ni todos los otoños
vuelven los viejos tiempos.
En mi noche es
invierno y ya no sueño contigo.
Sólo cae la nieve
ritual,
indiferente.
Julio Contreras.
***
domingo, 23 de diciembre de 2012
viernes, 21 de diciembre de 2012
LOS LIBROS, CELEBRACIÓN DE LA PALABRA LABRA LA PALABRA DE JULIO VÉLEZ Jesús Fernández Palacios
(María Blanchard)
LOS LIBROS,
CELEBRACIÓN DE LA PALABRA LABRA LA PALABRA DE JULIO VÉLEZ
Jesús Fernández Palacios
Mi añorado amigo el poeta
Julio Vélez dejó escrito lo siguiente: “Los
libros me hicieron un mundo al que he
intentado que éste se pareciera”. Algo que comparto plenamente. Por eso
repito siempre que no sé que hubiera sido mi vida sin ellos, como digo algunas
noches cuando estoy solo y me siento bolero, o cuando me aburro o soy
curiosillo, que a veces todo sucede en una misma infelicidad. Y lo mejor es que
obtengo respuesta, claro que sí. Entre nosotros hay entendimiento y un toma y
daca que nos va de maravilla, y del que creo salir ganando. Esa es mi sensación
cuando los acaricio y los huelo, cuando miro al trasluz su esqueleto vegetal
que se remonta en el tiempo hasta un paisaje distinto. Esa es mi impresión no
más verlos dócilmente alineados en las paredes de la casa. Son la casa, tendría
que decir, pues están en todas partes, en los lugares más propios donde los
puse con razón para poder contemplarlos y hojearlos cada vez que los necesito.
Y cuánto los necesito, lo digo a boca llena. Es mi mejor elogio reconocer que
sin ellos mi vida hubiera sido peor y más insoportable. Desde luego es un tanto
misteriosa mi relación con esos caprichos geométricos que la cultura venera
como uno de sus más ilustres emblemas. Tal vez porque se le conceden ciertos
atributos mágicos, que lo convierten a uno en ferviente subyugado. No es exageración
pues ese es mi estado a veces, de subyugación incontenible, como un estado de
gracia que me deja atrapado desde la alfa a la omega. Como el que busca un
tesoro y el tesoro fuera la propia búsqueda. Esa es la gracia, que la meta sea
el recorrido o el premio la lectura. Cada vuelta de hoja no es un día de menos
sino un día de más, de mayor riqueza y fortaleza, de menor soledad y vacío. De
ahí mi gratitud y mi entrega, la dedicación que les dispenso como un destino.
Por eso no entiendo que se pueda prescindir de ellos, ignorarlos y
arrinconarlos, o lo que es más ridículo aún, tratar de simularlos en los
anaqueles con volúmenes de madera de distintos tamaños y colores según convenga
a los tonos de la pared o del sofá. ¡Cuánto desatino¡ ¡Y qué necios los que se
engañan de esa manera¡ Como si se pudiera disimular la ignorancia y otras
carencias, como si no fuera fatídico renunciar a un bien tan preciado, que
justamente está en la esencia y no en la apariencia. Pues es ahí, en su
esencia, donde buscamos la sabiduría y ejercitamos nuestra inteligencia, ahí
donde volcamos nuestras preguntas y encontramos muchas respuestas, ahí donde
aprendemos a conocernos y a conocer a los demás, ese factor tan decisivo para
la convivencia y la tolerancia, tan necesarias como difíciles. No diré como
Swedenborg, que todos los que en el mundo han adquirido inteligencia y
sabiduría son recibidos en el Cielo y se convierten en ángeles. No me atrevo a
suscribirlo, aunque me parezca una bendita afirmación. Pero sí diré, porque creo
en ello, que la inteligencia y la sabiduría engrandece nuestro espíritu y
amplían el horizonte de lo humano. Así se entenderá mejor la pasión de mi
elogio, que no es fruto de ninguna conjetura, ni el exceso de una exaltación
pasajera, sino la cariñosa reflexión de quien ha experimentado en su propia
conciencia los beneficios de una continuada y feliz dependencia. Me estoy
refiriendo, claro está, a los libros.
(Francisco Toledo)
Los libros, los grandes
libros escritos por grandes autores, que pueden llegar a cambiarnos la vida.
Como le sucedió al poeta alemán Heinrich
Heine, cuando leyendo de niño El Quijote terminó
trastornado y enardecido por la novela hasta el punto de rebelarse entre
sollozos contra la muerte del ingenioso hidalgo. Y como le sucedió a Jorge Luis
Borges de adolescente cuando descubrió a Dostoievski. O a Federico García Lorca
al conocer la poesía de Antonio Machado, hasta el punto de proclamar que se
dejaría toda su alma en aquellos poemas. O, asimismo, le ocurrió
al propio Machado cuando descubrió a Rubén Darío y lo recitaba a voz en
grito por el parque madrileño del Retiro. O la experiencia del sevillano Luis
Cernuda mientras leía de niño a Pérez Galdós, escribiendo muchos años después
que sólo le interesaba la
España novelesca de Don Benito, no la real donde regenteaba
“la canalla”. Y, por qué no, la
conmoción que yo mismo sentí al
descubrir la poesía de César Vallejo, experiencia inolvidable que
también compartí en su momento con Julio Vélez, que fue uno de los que más me
inocularon la pasión y devoción por su figura humana imprescindible y por su
obra literaria trascendental. Algo que
siempre le agradeceré. Juntos homenajeamos al gran poeta peruano en Santander,
Madrid y Cádiz, en fulgurantes jornadas que compartimos con muchos otros
vallejianos como Claudio Rodríguez, José Hierro, Félix Grande o el gran
hispanista norteamericano Anthony Leo Geist (nuestro amigo Tony).
Conocí a Julio Vélez hace
cuarenta años y me encontré con él muchas veces en distintos lugares de España,
incluido su entrañable Morón de la Frontera. Conservo
como oro en paño sus libros dedicados, leídos y releídos, así como sus cartas
cariñosas y llenas de proyectos y proclamas a favor de la libertad y en contra
de las injusticias. He aprendido mucho de sus ensayos vallejianos y literarios
en general, y me consta por diversos testimonios de sus propios alumnos en la Universidad de
Salamanca que fue un profesor extraordinario. Julio Vélez (Morón de la Frontera , Sevilla 1946 /
Daz, Francia 1992) fue un hombre comprometido y solidario, que pasó por el
marxismo-leninismo y terminó siendo un humanista radical antidogmático. Nómada,
apasionado del flamenco, hombre de teatro, poeta, ensayista, articulista,
incluso novelista, conferenciante, editor, promotor de la cultura andaluza,
perseguido y reprimido antifranquista, hombre de talento, universitario con
vocación de docente, vallejiano hasta los huesos, académico, Doctor Honoris
Causa por la Universidad
de San Marcos de Lima, Hijo Adoptivo de Santiago de Chuco (cuna de César
Vallejo), hombre enamorado (María, Alicia, Muriel), padre entrañable de dos
hijos (Julio y Alejandro), andaluz divertido e ingenioso, amigo de sus amigos,
Julio el inolvidable.
El profesor Anthony Leo Geist, buen conocedor
de la obra poética de Julio Vélez como demuestra en su enjundioso prólogo, ha
realizado una acertada selección de 35 poemas de extensión variable, que van
desde los dos versos (el más breve) a un poema de su libro Laocoonte, titulado DOS, que tiene cerca de doscientos versos. En
esta antología hay textos escritos desde 1967 hasta el mes de abril de 1992,
apenas unos meses antes de su trágica muerte acaecida el 24 de diciembre de
dicho año. Julio vivió apenas 46 años, poco tiempo para un hombre enamorado de
la vida, que supo dejarnos un gran testimonio de hombre cabal, apasionado y
riguroso, y el hermoso legado de su poesía, que un grupo de amigos en diversos
rincones del mundo (su Andalucía natal, la Salamanca de sus queridos discípulos, Madrid en
el centro, Seattle en Estados Unidos y el Perú vallejiano), con sus hijos y
resto de la familia a la cabeza, seguimos defendiendo y divulgando veinte años
después de su partida. Julio levantó en vida oleadas de afectos, simpatías y
complicidades, y veinte años después de su muerte sigue acaparando esos mismos
dones. Por algo fue, por algo es, por algo será. Julio Vélez sigue vivo en la
memoria y en el corazón de mucha gente. Y por eso estamos aquí, en la
presentación de su flamante antología poética y en la acogedora librería La Clandestina de Cádiz,
para rendirle una vez más nuestro afecto emocionado y nuestra admiración como
intelectual y poeta.
Cádiz, 18 de octubre de 2012
***
miércoles, 19 de diciembre de 2012
Mario Benedetti
(Manolo Millares)
“¿Qué
queda para las izquierdas en este mundo donde todos se desviven por ser
centristas, o sea, el actual sinónimo de la derecha pura y dura? En
primer término extraernos de la derrota y no olvidarnos de dejar en el fondo de
ese pozo los dogmatismos, las rígidas estructuras que impidieron nuestro
desarrollo y atrofiaron nuestra sensibilidad. Análisis no es
obligatoriamente contrición. Después de todo, es preferible haberse equivocado
en medio de la brega por la justicia que haber acertado en la lisonja del
Imperio.”
Mario
Benedetti
***
lunes, 17 de diciembre de 2012
Julio Vélez (1946-1992) / Rafael De Cózar
Compartí con
Julio Vélez, hasta cierto punto, una vida paralela. Me llevaba 5 años y desde
que lo conocí mantuvimos el contacto, siempre cordial por la conciencia clara
de nuestras muchas coincidencias. En Cádiz, en Sevilla y sobre todo en Madrid
nos vimos con cierta frecuencia a través de los encuentros de la Asociación Colegial
de Escritores, o los encuentros de los poetas andaluces, entre otros. Yo llegué
a Sevilla para terminar la carrera en 1972 pero hacía dos años que él había
sido expulsado. Él continuaría sus estudios en Madrid, en 1979, mientras yo
llevaba ya cinco de profesor en Sevilla.
Aunque nunca
pertenecí oficialmente a ningún partido político, entre otras razones porque en
Cádiz era delegado de curso y de facultad, lo cual implicaba estar en el punto
de mira de la secreta, además de mi pertenencia al grupo literario Marejada,
que el Gobierno civil tenía en su punto de mira, pues en sus tertulias se
hablaba de poetas hindúes, o de la generación Beat norteamericana..
En todo
caso, tanto en Cádiz como en Sevilla, por mis amistades, era presumible mi
orientación hacia la CNT ,
El PC, o el PTE, su partido. A Barcelona fuimos de forma clandestina Isidoro
Moreno, entonces figura fundamental de este partido, el profesor y actor Carlos
Álvarez y yo mismo, viaje con citas en diversos puntos que nos indicaban el
siguiente, hasta Barcelona, donde rápidamente se corrió la voz de volver cada
uno a su ciudad, porque ya la policía sabía el lugar de reunión de los llegados
desde toda España.
Compartímos
además amigos comunes in crescendo, desde Cádiz, Sevilla, o Madrid., tal vez
elegidos por las mismas cualidades.
Otra
fundamental coincidencia entre Julio y yo fue la admiración por los mismos
autores, sobre todo César Vallejo, que llegó a ser una de sus principales
especialidades, además de la literatura latinoamericana, que yo conocía más
bien por devoción, siendo profesor de la española. En este punto de profesores
universitarios a la vez que poetas, también coincidimos, conscientes de que a
veces se nos consideraba como demasiado atentos a la poesía, para ser buenos
profesores (según los profesores) o demasiado profesores para ser buenos poetas
(según los poetas).
Él impartió sus clases en Salamanca y yo en
Sevilla. Ambos tuvimos varias relaciones amorosas y ambos nos dedicamos sobre
todo a la poesía, pero él también ganó un premio de novela por El bosque sumergido y yo, pocos años después, por El corazón de los trapos. Los dos dimos
clases a los cursos de norteamericanos en nuestras universidades, y los dos impartimos
curso en USA. La afinidades eran además espirituales, de temperamento y
carácter.
Muchos
fueron los amigos comunes, sobre todo del mundo literario. Por él conocí a Alejandro Romero, o a Tony
Geist, que siguen siendo sus principales
valedores.
Julio era un
ser especial. Aunque quisiéremos minusvalorarlo en todo, siempre quedaría por
encima una cualidad especial, que se evidencia en la devoción de sus amigos.
Todos los coincidimos en resaltar la humanidad de Julio, así como su ética, su
compromiso social, y su profundo andalucismo. En este punto también, como él
mismo, me introduje yo en el mundo del flamenco a través de nuestro común amigo
Paco Lira.
Julio es el
perfecto representante de una generación rompedora, estética y políticamente,
la de la transición. Hoy empieza a estudiarse a fondo esa etapa en la que, en
manos de jóvenes que no habíamos vivido la guerra, quisimos acabar con la
posguerra. De ahí no solo la vinculación política, a veces a través de la
escritura y a veces fuera de ella, sino también el interés por el mundo
exterior, la literatura latinoamericana, la literatura oriental, los exiliados
y prohibidos europeos y españoles, la cultura underground y el amor libre.
Incluso es una generación que vivió intensamente entonces y escribió y publicó
poco en esa etapa de la transición, para desarrollar su obra, ya con relativa
madurez sobre todo a partir de los años 80.
También
suele definírsela como generación del lenguaje, o de los novísimos, en cierta
oposición a la literatura testimonial, a la poesía social de la generación
precedente, lo cual no es del todo exacto. Lo que ocurre es que el compromiso
sociopolítico se volcaba ahora, como es el caso de Julio, sobre todo en la actividad de la calle, en
los partidos, o bien se ofrecía de una
manera distinta a la de los años 40 y 50.
Ya no bastaba con testimoniar la realidad con esa imparcialidad del
realismo objetivo, sino que la postura era ya abiertamente crítica con el
sistema, lo que supuso un mayor número de detenciones y la cárcel para muchos.
Cuando murió
en Francia para mí fue una inesperada y amarga sorpresa. Se nos iba el eterno
exiliado, porque de algún modo Julio vivió de lleno su exilio interior, su
rebeldía, que tal vez ejerció contra la muerte, como escribe
...Se que la
muerte
vendrá a por
la vida,
diáfana,
puntual,
firme y
segura.
Pero me va a
encontrar en rebeldía..
Participé en
el homenaje que se le hizo en Morón a su muerte. Iba yo acompañado de Jesús
Fernández Palacios y su mujer, Pilar, sin imaginar que poco después también
ella nos dejaría.
No voy a
entrar en un comentario del libro, porque sería un falso intento de competir
con la extensa semblanza que hace Alejandro y las notas sobre la
poesía de Julio que hace Anthoni
Geist, su principal estudioso.
Efectivamente
Alejandro ha hecho una magnífica semblanza en el prólogo del libro, con la que
nos presenta a Julio en profundidad, en esencia, algo que no se podría hacer
sólo desde la investigación o el estudio, mientras Tony nos da las claves
fundamentales del poeta, quien sale a la luz con plena potencia en la selecta
antología.
Rafael De Cózar
***
viernes, 14 de diciembre de 2012
Julio Vélez / Libro, amor, eternidad
La presentación de Materia y sombra: Poesía completa de Julio Vélez (Salamanca, Diputación de Salamanca, 2012) tendrá lugar el lunes 17 de diciembre de 2012 a las 19:00 en el aula magna de la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca.
[Βιβλίο, Αγάπη, Aαιωνιότητα]
[Libro, amor, eternidad]
[Libro, amor, eternidad]
1 Los mundos me escribieron un libro
con el que siempre he intentado conversar a solas.
2 He poblado
las cuevas vacías de mi infancia con las letras de todos
los alfabetos. Me rociaron el cuerpo con las cáscaras
podridas de los plátanos maduros. Sentí el dolor en su
raíz más mía y odié las ventanas cerradas
y el óxido de las celdas oscuras.
He llorado mis desgracias
He llorado mis desgracias
entre los ojos de mis amigos.
Y mis lágrimas besaron algunos labios en los que aún
Y mis lágrimas besaron algunos labios en los que aún
vivo.
3 Los libros me hicieron un mundo
al que he intentado que éste se pareciera.
Julio Vélez
----------
VÉLEZ, Julio. Escrito en la estela de El último ángel caído. Madrid : Libertarias/Prodhufi, 1993. 54 p. ISBN: 84-7954-172-5
3 Los libros me hicieron un mundo
al que he intentado que éste se pareciera.
Julio Vélez
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VÉLEZ, Julio. Escrito en la estela de El último ángel caído. Madrid : Libertarias/Prodhufi, 1993. 54 p. ISBN: 84-7954-172-5
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miércoles, 12 de diciembre de 2012
PARA UNOS VIVIR / Luis Cernuda
PARA UNOS VIVIR
Para unos vivir es pisar cristales con los pies desnudos; para
otros vivir es mirar el sol frente a frente.
La playa cuenta días y horas por cada niño que muere. Una flor se
abre, una torre se hunde.
Todo es igual. Tendí mi brazo; no llovía. Pisé cristales; no había
sol. Miré la luna; no había playa.
Qué más da. Tu destino es mirar las torres que levantan, las
flores que abren, los niños que mueren; aparte, como naipe cuya baraja se ha
perdido.
Luis Cernuda (Los placeres prohibidos)
lunes, 10 de diciembre de 2012
DURI / Julio Vélez
El diario “Liberación” fue una más de las experiencias periodísticas que se
han producido en la España
postfranquista por parte de gente de izquierda que han terminado fracasando por
la falta de financiación que, en gran parte, es consecuencia del bloqueo publicitario
que los poderes económicos realizan con cualquier voz crítica.
Liberación se editó entre el 9 de octubre de
1984 y el 20 de marzo de 1985, poco más de 5 meses, en los que se publicaron
141 números. Tuvo como directora a Mercedes
Arancibia, el primer y, hasta ahora, única mujer directora de un periódico
de tirada nacional; Mercedes de ideología libertaria fue una de las personas
que colaboraron en la gestación y producción del diario como Eduardo Barrenechea, Joan Martínez Aller,
Javier Ortiz, Mercedes Fuenzalida o Xavier Recalde entre muchas más.
Otro de esos colaboradores fue Julio Vélez del que disponemos de
algunos artículos, del que carecemos de fecha en varios casos. No obstante, su
interés nos obliga a publicarlos aún en esas condiciones.
El primer recorte es de la última
página (32) en una sección titulada “La gente que amamos”, está dedicado a Eduardo Galeano, que vivía en esa época
en el exilio en Cataluña, y que sufrió un infarto en su casa de Calella de Mar,
a unos 50 Km .
de Barcelona el 9 de octubre.
José Porrero Montalbán
DURI
1.- Cuenta una leyenda del río Juruá,
que el lorito tuvo un pico tan enorme como el tucán. Eran tiempos -según recrea
Eduardo Galeano en Memorias del Fuego-
en los que gobernaba el «Mezquino». Dueño del maíz y el fuego, dominaba a todos
y no convidaba a nadie. Una lagartija consiguió arrebatarle el grano después de
denodados esfuerzos. Gracias a ella, hoy tenemos mazorcas en el mundo. La
lagartija, a cambio, sacó de la lucha unos dedos largos y la boca que le llega
hasta la última muela que aún conserva en nuestros días.
El fuego conquistó colocarlo un
lorito. Pero dueño también del «tambor de los diluvios», el «Mezquino», viendo
que se le escapaba con un tizón atrapado con el pico, desató auténticos vendavales
de lluvia. El lorito consiguió depositar el palo-encendido en el tronco hueco
de un árbol y salió a refrescarse bajo el agua. Del contraste el pico se le
cayó y quedó tan pequeño y curvo como le tiene ahora. Pero gracias al combate
del lorito contra el «Mezquino» nos calentamos con fuego y comemos caliente.
2.- Si se pretendiera buscar en toda
América Latina una abreviatura con el nombre de Eduardo, sin duda sería Duri. Por eso, a Eduardo Galeano hay que
llamarlo así. Duri hace un par de
semanas nos regaló un susto. Decidió, sin advertirnos, que iba a boxear con el
pajarraco de la muerte. Tuvo además la indelicadeza de no enviarnos ninguna
invitación para el combate. Sólo Helena y Mariana asistieron. De hecho, al
comienzo su contrincante le largó un derechazo serio. El pajarraco le atacó a
traición en su punto más débil: el corazón. Como ocurre que cuando no se
quieren tener cicatrices en el alma, no queda más remedo que tenerlas en el
cuerpo, Duri ha estado con cables y
pantallas quince días en un hospital catalán.
3.- Pero al igual que el lorito, Duri lucha contra el «Mezquino». Caza a
diario palabras y les pone alitas para que sean pájaros o mitos del sueño. Les
coloca en los puños guantes para que sepan defenderse solas si les atacan. Va y
les dice: «Caminen y recorran el mundo. Quédense solo en los hogares que
necesiten caricias». A veces las cubre con papelitos de furia y odio y las
lanza fuerte con las aldabas y los cerrojos. El «Mezquino» también contesta a
los golpes. Sus palabras las saca de un sombrero de copa. El prestidigitador
busca un nombre para la cárcel de Montevideo y la llama Libertad. Al infierno del crimen lo llama desaparecidos. A las oscuras mazmorras de la desolación las llama siquiátricos 53-N-54-. A las invasiones del
pálpito y el aire las llama solidaridad.
En esa pelea Galeano, es decir, un
lorito llamado Dori, ha dejado K. O.
a su enemigo, a nuestro enemigo. Levanto mi copa por ello.
Julio Vélez
(Se ha mantenido la grafía, excepto el quédense con el acento en su lugar)
***
sábado, 8 de diciembre de 2012
jueves, 6 de diciembre de 2012
BLAS DE OTERO
“De haber nacido, haber
nacido en otro sitio;
por ejemplo, en
Santiago
de Cuba mismo.
De haber nacido, haber
nacido en otra España;
sobre todo
De haber nacido, haber
nacido donde estoy;
en la España sombría
y heroica de hoy.”
BLAS DE
OTERO
***
martes, 4 de diciembre de 2012
Miguel Sánchez-Ostiz / Lucian Freud, hace veinticinco años.
The last portrait, Colección Thyssen
Hoy repican los medios de
comunicación con la muerte de Lucian Freud. Biografía al margen, el primer
cuadro que vi de Lucian Freud fue en julio de 1986, en el Palacio de la Virreina , donde se
exponía una muestra de la colección Thyssen. Fue Pere Gimferrer quien me envió
a ver esa colección. Le acababa de conocer en su oficina de la editorial Seix
Barral que me contrató mi novela Tánger bar. Para mí ese fue
un gran día. La vida por delante y todo eso, y blablabla.
Desde entonces he procurado ver todo lo que he podido de Freud. Sus cuerpos ruinosos, su afirmación del cuerpo en la decadencia tiene para mí un interés y un atractivo vertiginoso, algo más que recordatorios de la muerte, sino recordatorios de la vida, porque la vida también es eso. Entonces, en el cuadro de la imagen, me interesaba la expresión de la desolación y de algo temible que me ha acompañad, de cerca o de lejos, toda la vida, la depresión. Solo que cuando alguien está de verdad deprimido, en su sentido clínico, ni pinta, ni escribe ni vive ni hostias. La depresión, ese daño tembible, ese pozo, ese muro. Hoy, esas evidentes negruras, esas caries del alma reflejadas en un rostro nada dichoso, algo demasiado evidente por mucha pintura que acuda en su ayuda, me interesa menos. Esa expresión de desdicha y desesperanza que me parecía una gran cosa, y sin duda lo es, me interesa menos., me recuerdan demasiado a ese poema enorme de César Vallejo:
Desde entonces he procurado ver todo lo que he podido de Freud. Sus cuerpos ruinosos, su afirmación del cuerpo en la decadencia tiene para mí un interés y un atractivo vertiginoso, algo más que recordatorios de la muerte, sino recordatorios de la vida, porque la vida también es eso. Entonces, en el cuadro de la imagen, me interesaba la expresión de la desolación y de algo temible que me ha acompañad, de cerca o de lejos, toda la vida, la depresión. Solo que cuando alguien está de verdad deprimido, en su sentido clínico, ni pinta, ni escribe ni vive ni hostias. La depresión, ese daño tembible, ese pozo, ese muro. Hoy, esas evidentes negruras, esas caries del alma reflejadas en un rostro nada dichoso, algo demasiado evidente por mucha pintura que acuda en su ayuda, me interesa menos. Esa expresión de desdicha y desesperanza que me parecía una gran cosa, y sin duda lo es, me interesa menos., me recuerdan demasiado a ese poema enorme de César Vallejo:
Considerando
en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina…
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina…
Entonces,
hace veinticinco años, era ajeno al envejecimiento. Más tarde he visto
morir a alguien de verdad consumido, después de ir viendo el avance de la
consunción vital y las truculencias tienen para mí menos gracia, por no decir
que no tiene ninguna. No huyo de ella porque está en mí, en ese deterioro
imparable de la edad, pero no hurgo, procuro no hurgar.
Miguel Sánchez-Ostiz
***
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