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sábado, 24 de mayo de 2014

POESÍA, SOCIEDAD ANÓNIMA / GABRIEL CELAYA






POESÍA, SOCIEDAD ANÓNIMA 


Como yo no soy yo, represento a cualquiera
y le presto mi voz a quien aún no la tenga;
o repito otras voces que siento como mías
aunque, hasta sin querer, siempre de otra manera.

Parezco personal, mas digo lo sabido
por otros hace siglos. O quizás, ayer mismo.
Ojalá me repitan sin recordar quién fui
como ahora yo repito a un anónimo amigo.

¡Oh futuro perfecto! No hay otra permanencia
que la de ser un eco corregido por otros
que no sabrán mi nombre, ni –espero- mi aventura.
Tampoco yo sé bien quién habla en mi conciencia.

Si algún día un muchacho nos plagia sin saberlo
y en él, lo ya sabido, vuelve a ser invento,
estaremos en él, invisibles, reales,
como otros, ahora en mí, son corazón de un ave.

Es eso, y no los versos guardados en los libros,
lo que, venciendo el tiempo, sin forma durará
en la obra colectiva y anónima, aún en ciernes,
transformando y creando conciencia impersonal.


Gabriel Celaya, 1970


***

jueves, 3 de enero de 2013

Gabriel Celaya / LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO







Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
 mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
 fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
 como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
 se dicen las verdades:
 las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
 piden ser, piden ritmo,
 piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
 con el rayo del prodigio,
 como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
 como el aire que exigimos trece veces por minuto,
 para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque a penas si nos dejan
decir que somos quien somos,
 nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
 Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
 Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
 Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
 Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
 y calculo por eso con técnica, qué puedo.
 Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
 Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
 No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
 Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
 Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
 Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.

Gabriel Celaya


***