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jueves, 23 de octubre de 2014

EL ALBATROS / Charles Baudelaire




EL ALBATROS 

A veces, por divertirse, los hombres de la tripulación
capturan albatros, grandes pájaros del mar,
que siguen, indolentes compañeros de viaje,
al barco que se desliza sobre abismos amargos.

Apenas los han situado en cubierta,
esos reyes del éter, torpes y avergonzados,
dejan piadosamente sus grandes alas blancas
como remos colgar de sus flancos.

¡El gran viajero alado, ahora tontón y apático!
¡Él, tan hermoso antes, ahora cómico y feo!
¡Uno irrita su pico con la pipa encendida,
y el otro, renqueando, imita al volador que anda!

El poeta es similar a ese príncipe de las nubes
que ríe de la tempestad y ríe del arquero;
exilado en la tierra entre burdos silbidos
sus alas de gigante le estorban en el suelo.


Charles Baudelaire

Traducción: Luís Antonio de Villena









El albatros

Por distraerse, a veces, suelen los marineros
Dar caza a los albatros, grandes aves del mar,
Que siguen, indolentes compañeros de viaje,
Al navío surcando los amargos abismos.

Apenas los arrojan sobre las tablas húmedas,
Estos reyes celestes, torpes y avergonzados,
Dejan penosamente arrastrando las alas,
Sus grandes alas blancas semejantes a remos.

Este alado viajero, ¡qué inútil y qué débil!
Él, otrora tan bello, ¡qué feo y qué grotesco!
¡Éste quema su pico, sádico, con la pipa,
Aquél, mima cojeando al planeador inválido!

El Poeta es igual a este señor del nublo,
Que habita la tormenta y ríe del ballestero.
Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío,
Sus alas de gigante le impiden caminar.

Charles Baudelaire


Traducción: Antonio Martínez Sarrión


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martes, 14 de octubre de 2014

EL PERRO Y EL FRASCO / Charles Baudelaire





EL PERRO Y EL FRASCO

“ – Mi lindo perro, mi buen perro, mi querido perrito,
acércate y ven a respirar un excelente perfume comprado en
la mejor perfumería de la ciudad”.
Y el perro, agitando la cola, lo que es, creo, entre esos
pobres seres, el signo correspondiente a la risa y la sonrisa,
se aproxima y posa curiosamente su nariz húmeda sobre
el frasco destapado; después, reculando de improviso con
espanto, ladra contra mí a manera de reproche.
“–¡Ah! miserable perro, si te hubiera ofrecido un paquete
de excrementos, lo hubieras olfateado con delicia y quizás
devorado. Así, tú mismo, compañero de mi triste vida, te
pareces al público, a quien nunca hay que ofrecer delicados
perfumes que lo exasperan, sino inmundicias cuidadosamente
elegidas”.

Charles Baudelaire


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