lunes, 10 de noviembre de 2014

Dardo Sebastián Dorronzoro (1913-1975)







Declaración Jurada

"No es solamente la luna ni el rocío ni la luz celeste de los pájaros, puede también ser una alpargata vieja, toda agujereada, toda casi muerta después de andar fábricas, andamios o duros y calientes caminos de noviembre. No, no necesariamente todo lo poético debe ser bello.
Yo he visto horribles chicos grises como la tierra comiendo tierra, yo los he visto ahí, con sus andrajos y su mugre, reptando, y los he tocado, acariciando su piel y convertido en ángeles, en mariposas, en viento de septiembre. Porque todo antes de ser poesía debe pasar por mi corazón, darlo vuelta con el grito para arriba, colocarlo para el alba, cara al cielo. Todo debe pasar por mi sangre, por mis huesos, por mi respiración, por el corazón de mi sangre.
Pues yo soy un poeta no un hacedor de versos bonitos. Yo soy un poeta que ama a los que no tienen amor ni pan, a los que se van sin haber llegado, a los que a veces sonríen, a los que a veces sueñan, a los que a veces les crece un fusil en las manos y salen a morir por la vida.
En suma: yo he sido, soy y seré un poeta revolucionario.
Sobre mi tumba verán florecer un puño."

Dardo Sebastián Dorronzoro (1913-1975)





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MIENTRAS ME MATAN

Comenzaron a matarme de a uno hace muchos siglos,
después de a setenta, después de a quinientos,
hay que ver cómo me matan ahora de a miles en cada esquina,
en cada feriado,
cómo fabrican sueldos y galones con los huesos que me quedan,
cómo fabrican calabozos para poner algún rincón de mis pantalones,
y cómo se turnan entre gordo y gordo para
ver de qué ojo muero primero,
pero resulta
que cada vez soy más uno de los otros,
uno de los que nacen y renacen y vuelven a nacer entre los fuegos,
que cada vez tengo más luz, más pájaros, más flores en la puntería,
que cada vez
me soporto más elegantemente entre los fierros y los veranos,
y hay veces que me pregunto —me digo para mí— si ellos
no harían mejor en cambiar de uñas y de cuentas,
de andar de peldaño en peldaño hacia abajo de las luces,
o en comprarse una sangre nueva, una sangre más limpia
para usar en feriados y domingos.


Dardo Sebastián Dorronzoro (1913-1975)



viernes, 7 de noviembre de 2014

SOY ANIMAL DE FONDO / JRJ




SOY ANIMAL DE FONDO 

"EN fondo de aire" (dije) "estoy"
(dije) "soy animal de fondo de aire" (sobre tierra),
ahora sobre mar; pasado, como el aire, por un sol
que es carbón allá arriba, mi fuera, y me ilumina
con su carbón el ámbito segundo destinado.

Pero tú, dios, también estás en este fondo
y a esta luz ves, venida de otro astro;
tú estás y eres
lo grande y lo pequeño que yo soy,
en una proporción que es esta mía,
infinita hacia un fondo
que es el pozo sagrado de mí mismo.

Y en este pozo estabas antes tú
con la flor, con la golondrina, el toro
y el agua; con la aurora
en un llegar carmín de vida renovada;
con el poniente, en un huir de oro de gloria.
En este pozo diario estabas tú conmigo,
conmigo niño, joven, mayor, y yo me ahogaba
sin saberte, me ahogaba sin pensar en ti.
Este pozo que era, solo y nada más ni menos,
que el centro de la tierra y de su vida.

Y tú eras en el pozo mágico el destino
de todos los destinos de la sensualidad hermosa
que sabe que el gozar en plenitud
de conciencia amadora,
es la virtud mayor que nos trasciende.

Lo eras para hacerme pensar que tú eras tú,
para hacerme sentir que yo era tú,
para hacerme gozar que tú eras yo,
para hacerme gritar que yo era yo
en el fondo de aire donde estoy,
donde soy animal de fondo de aire
con alas que no vuelan en el aire,
que vuelan en la luz de la conciencia
mayor que todo el sueño
de eternidades e infinitos
que están después, sin más que ahora yo, del aire.

JRJ


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martes, 4 de noviembre de 2014

Sobre la poesía / Juan Gelman





Sobre la poesía 

habría un par de cosas que decir/
que nadie lee mucho/
que esos nadie son pocos/
que todo el mundo está con el asunto de la crisis mundial/ y
con el asunto de comer cada día/se trata
de un asunto importante/recuerdo
cuando murió de hambre el tío juan/
decía que ni se acordaba de comer y que no había problema/
pero el problema fue después/
no había plata para el cajón/
y cuando finalmente pasó el camión municipal a llevárselo
el tío juan parecía un pajarito/
los de la municipalidad lo miraron con desprecio o desdén/
murmuraban
que siempre los están molestando/
que ellos eran hombres y enterraban hombres/y no
pajaritos como el tío juan/especialmente
porque el tío estuvo cantando pío-pío todo el viaje
hasta el crematorio municipal/
y a ellos les pareció un irrespeto y estaban muy ofendidos/
y cuando le daban un palmetazo para que se callara la boca/
el pío-pío volaba por la cabina del camión y ellos sentían que
les hacía pío-pío en la cabeza/el
tío juan era así/le gustaba cantar/
y no veía por qué la muerte era motivo para no cantar/
entró al horno cantando pío-pío/salieron sus cenizas y piaron un rato/
y los compañeros municipales se miraron los zapatos grises de vergüenza/pero
volviendo a la poesía/
los poetas ahora la pasan bastante mal/
nadie los lee mucho/esos nadie son pocos/
el oficio perdió prestigio/para un poeta es cada día más difícil
conseguir el amor de una muchacha/
ser candidato a presidente/que algún almacenero le fíe/
que un guerrero haga hazañas para que él las cante/
que un rey le pague cada verso con tres monedas de oro/
y nadie sabe si eso ocurre porque se terminaron
las muchachas/los almaceneros/los guerreros/los reyes/
o simplemente los poetas/
o pasaron las dos cosas y es inútil
romperse la cabeza pensando en la cuestión/
lo lindo es saber que uno puede cantar pío-pío
en las más raras circunstancias/
tío juan después de muerto/yo ahora
para que me quierás/

Juan Gelman



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sábado, 1 de noviembre de 2014

Divorcio / Anne Sexton





Divorcio 


Maté nuestra vida juntos,
haché cada cabeza,
con sus pobres ojos azules pegados a una pelota de playa
que rueda por separado hasta la vereda.
Maté todas las cosas buenas
pero son demasiado obstinadas para mí.
Aguantan.
Las pequeñas palabras de compañerismo
gatearon hasta sus tumbas,
el hilo de la compasión,
querido como una frutilla,
los cuerpos mezclados
que pusieron dos hijas dentro nuestro,
ver cómo te vestías,
temprano,
la ropa separada, prolija y doblada,
sentado al borde de la cama
lustrando tus zapatos con pomada negra,
y te amé entonces, tan sabio fuera de la ducha,
y te amé muchas otras veces
y estuve, por meses,
queriendo ahogarlo,
enterrarlo profundo,
dejar su gran lengua roja
sumergida como un pez,
pero donde sea que mire están encendidos,
el róbalo, la anchoa, la platija
ardiendo entre las algas marinas
como muchos soles golpeando las olas
y mi amor sigue brillando con vehemencia,
sus espasmos no van a irse a dormir,
y yo estoy indefensa y sedienta y quiero una sombra
pero no hay nadie que me tape –
ni siquiera Dios.

Anne Sexton



Versión: Tom Maver



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miércoles, 29 de octubre de 2014

¡Durante cuánto tiempo nos engañaron! / Walt Whitman





¡Durante cuánto tiempo nos engañaron! 



¡Durante cuánto tiempo nos engañaron!
Trasmutados ahora, nos apresuramos a huir como huye la Naturaleza,
Somos la Naturaleza, durante mucho tiempo estuvimos lejos, pero ahora volvemos,
Nos convertimos en plantas, en troncos, en follaje, raíces y cortezas, Estamos asentados en la tierra, somos peñascos,
Somos encinas, crecemos juntos en los claros del bosque,
Pastamos, somos dos en medio de la hacienda bravía, tan espontáneos como los otros,
Somos dos peces que nadan juntos en el mar, Somos lo que son las flores del algarrobo, derramamos fragancia en los caminos de mañana y de tarde,
Somos también lo sucio de las bestias, de las plantas, de los minerales,
Somos dos aves de rapiña, nos elevamos por el aire y miramos la tierra,
Somos dos soles que deslumbran, somos nosotros dos los que giramos, cósmicos y estelares, somos como dos cometas,
Merodeamos, cuadrúpedos y feroces, por la espesura, y saltamos sobre la presa,
Somos dos nubes que se desplazan en lo alto cuando amanece o atardece,
Somos dos mares que se unen, somos esas olas felices que se revuelcan y se juntan, mojándose,
Somos lo que es la atmósfera, transparentes, hospitalarios, permeables, impermeables,
Somos nieve, lluvia, frío, tinieblas, somos lo que el planeta engendra y protege,
Hemos descrito círculos hasta volver los dos al hogar,
Hemos vaciado todo, salvo la libertad y nuestra alegría.

Walt Whitman


En Hojas de hierba
Traducción: Jorge Luis Borges


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domingo, 26 de octubre de 2014

La unión libre / André Breton




La unión libre 

Mi mujer con cabellera de incendio de bosque
Con pensamientos de relámpagos de calor
Con talle de reloj de arena
Mi mujer con talle de nutria entre los dientes del tigre
Mi mujer con boca de escarapela y de ramillete de estrellas de primera magnitud
Con dientes de huella de ratón blanco sobre la tierra blanca
Con lengua de ámbar y de vidrio frotados
Mi mujer con lengua de hostia apuñalada
Con lengua de muñeca que abre y cierra los ojos
Con lengua de piedra increíble
Mi mujer con pestañas de palotes de escritura de niño
Con cejas de borde de nido de golondrinas
Mi mujer con sienes de pizarra de techo de invernáculo
Y de vaho en los vidrios
Mi mujer con hombros de champaña
Y de fuente con cabezas de delfines bajo el hielo
Mi mujer con muñecas de cerilla
Mi mujer con dedos de azar y de as de corazón
Con dedos de heno segado
Mi mujer con axilas de marta y de bellotas
De noche de San Juan
De ligustro y de nido de escalarias
Con brazos de espuma de mar y de exclusa
Y de una mezcla del trigo y del molino
Mi mujer con piernas de cohete
Con movimientos de relojería y desesperación
Mi mujer con pantorrillas de médula de saúco
Mi mujer con pies de iniciales
Con pies de manojos de llaves con pies de pájaros que beben
Mi mujer con cuello de cebada salvaje
Mi mujer con garganta de Valle de Oro
De cita en plena cama del torrente
Con senos nocturnos
Mi mujer con senos de topera marina
Mi mujer con senos de crisol de rubíes
Con senos de espectro de la rosa bajo el rocío
Mi mujer con vientre de apertura del abanico de los días
Con vientre de garra gigante
Mi mujer con espalda de pájaro en fuga cenital
Con espalda de mercurio
Con espalda de luz
Con nuca de canto rodado y de tiza mojada
Y de caída de un vaso en el que acaban de beber
Mi mujer con caderas de barquilla
Con caderas de lámpara y de plumas de flecha
Y de tallos de plumas de pavo real blanco
De balanza insensible
Mi mujer con nalgas de greda y amianto
Mi mujer con nalgas de lomo de cisne
Mi mujer con nalgas de primavera
Con sexo de gladiolo
Mi mujer con sexo de yacimiento aurífero y de ornitorrinco
Mi mujer con sexo de alga y de viejos bombones
Mi mujer con sexo de espejo
Mi mujer con ojos llenos de lágrimas
Con ojos de panoplia violeta y de aguja imantada
Mi mujer con ojos de pradera
Mi mujer con ojos de agua para beber en prisión
Mi mujer con ojos de bosque eternamente bajo el hacha
Con ojos de nivel de agua de nivel de aire de tierra y de fuego

[1931]

André Breton (Tinchebray, 1896-París, 1966), Antología (no bilingüe), traducción de Enrique Molina, Ediciones del Mediodía, Buenos Aires, 1969



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jueves, 23 de octubre de 2014

EL ALBATROS / Charles Baudelaire




EL ALBATROS 

A veces, por divertirse, los hombres de la tripulación
capturan albatros, grandes pájaros del mar,
que siguen, indolentes compañeros de viaje,
al barco que se desliza sobre abismos amargos.

Apenas los han situado en cubierta,
esos reyes del éter, torpes y avergonzados,
dejan piadosamente sus grandes alas blancas
como remos colgar de sus flancos.

¡El gran viajero alado, ahora tontón y apático!
¡Él, tan hermoso antes, ahora cómico y feo!
¡Uno irrita su pico con la pipa encendida,
y el otro, renqueando, imita al volador que anda!

El poeta es similar a ese príncipe de las nubes
que ríe de la tempestad y ríe del arquero;
exilado en la tierra entre burdos silbidos
sus alas de gigante le estorban en el suelo.


Charles Baudelaire

Traducción: Luís Antonio de Villena









El albatros

Por distraerse, a veces, suelen los marineros
Dar caza a los albatros, grandes aves del mar,
Que siguen, indolentes compañeros de viaje,
Al navío surcando los amargos abismos.

Apenas los arrojan sobre las tablas húmedas,
Estos reyes celestes, torpes y avergonzados,
Dejan penosamente arrastrando las alas,
Sus grandes alas blancas semejantes a remos.

Este alado viajero, ¡qué inútil y qué débil!
Él, otrora tan bello, ¡qué feo y qué grotesco!
¡Éste quema su pico, sádico, con la pipa,
Aquél, mima cojeando al planeador inválido!

El Poeta es igual a este señor del nublo,
Que habita la tormenta y ríe del ballestero.
Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío,
Sus alas de gigante le impiden caminar.

Charles Baudelaire


Traducción: Antonio Martínez Sarrión


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lunes, 20 de octubre de 2014

Manuel Sacristán / Eugène Guillevic





“He abandonado la distinción habitual entre arte y ciencia y,
por supuesto, desde ese punto de vista en el que me refugiaba, de
utilizar artístico en el sentido de poético, de productivo, es
poética la obra de numerosos matemáticos y tiene muy poco de
poética la de bastantes poetas. Yo había ya abandonado esa
división en el momento en el que me he puesto a hablar,
digamos, a la griega”.
Manuel Sacristán (1973)


Es muy bueno citar repetidamente a uno de los poetas
comunistas menos leídos y mejores, de la primera mitad del
siglo XX, Guillevic, del que no sé qué se puede leer por aquí.
Tenemos a un gran experto en poesía en la sala, José Mª
Valverde. Si él quiere informar, luego nos lo puede decir.
Guillevic tiene unos versos muy bonitos que dicen:


Nous n´avons jamais dit
Que vivre c´est facile
(No hemos dicho nunca que vivir sea fácil)
Et que c´est simple de s´aimer...
(ni que sea sencillo amarse)
Ce sera tellement autre chose
(Pero será todo muy distinto)
Alors. Nous espérons
(Por lo tanto, esperamos)


Guillevic era del P.C.F., pero no es casual que el poeta
importante, célebre y casi oficial del P.C.F. fuese Aragon, con su
progresismo, y no Guillevic, con su esperancismo, por así
decirlo. Pero de todos modos en la tradición estaba.

Manuel Sacristán (1979)



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viernes, 17 de octubre de 2014

Silvia Plath







 (Dibujos de Silvia Plath)



Canción putesca

La blanca helada se acabó,
los sueños verdes nada valen,
tras un mal día de trabajo
llega el momento de la sucia puta:
su simple fama llena nuestra calle.
Todos los hombres:
blancos, rubicundos, negros
derivan hacia su forma desmañanada.

Fijaos, os pido, en esa boca
hecha para bofetadas
en ese rostro costuroso
sesgado a fuerza de pintarrajos, hondones, marcas,
violado por cada hosco año.
Ningún hombre se le acerca
que sea capaz de concentrar aliento
con que corcusir fuego de amor en tan fétida mueca
como apuntan
mis castísimos ojos
saliendo de charco, zanja, trago.


Silvia Plath

Versión de Jesús Pardo.


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martes, 14 de octubre de 2014

EL PERRO Y EL FRASCO / Charles Baudelaire





EL PERRO Y EL FRASCO

“ – Mi lindo perro, mi buen perro, mi querido perrito,
acércate y ven a respirar un excelente perfume comprado en
la mejor perfumería de la ciudad”.
Y el perro, agitando la cola, lo que es, creo, entre esos
pobres seres, el signo correspondiente a la risa y la sonrisa,
se aproxima y posa curiosamente su nariz húmeda sobre
el frasco destapado; después, reculando de improviso con
espanto, ladra contra mí a manera de reproche.
“–¡Ah! miserable perro, si te hubiera ofrecido un paquete
de excrementos, lo hubieras olfateado con delicia y quizás
devorado. Así, tú mismo, compañero de mi triste vida, te
pareces al público, a quien nunca hay que ofrecer delicados
perfumes que lo exasperan, sino inmundicias cuidadosamente
elegidas”.

Charles Baudelaire


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sábado, 11 de octubre de 2014

Margaret Atwood





Salida de la maleza 

Yo que había sido borrada por el fuego
me fui cubriendo
de verde
                                               (qué
estación más luminosa)

                                              Con el tiempo los animales
vinieron a habitarme,

primero uno
           a uno, furtivos
(sus conocidas huellas
quemaban); y después
al haber ya trazado nuevos límites
volviendo, más
seguros, año
tras año, de dos
en dos

pero inquietos: no estaba preparada
del todo para que me habitaran

Les pudo parecer que
pesaba demasiado: pude haberme
volcado;
Me daba miedo cómo
el brillo de sus ojos (verdes o ámbar)
llegaba al exterior desde dentro de mí

No estaba terminada; de noche
no veía sin candiles.

Él escribió, Nos vamos. Contesté
No me queda ya
ropa que ponerme

Llegó la nieve. Fue de gran ayuda
el trineo; quedaba atrás su rastro
como si me empujara a la ciudad

y una vez rodeada la primera colina, me encontré
de repente
deshabitada: ya se habían ido.
Hubo algo que casi me enseñaron
y que al irme no había aún aprendido.


Margaret Atwood

Versión de Lidia Taillefer y Álvaro García
Pre-textos/ Poesía 1991



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miércoles, 8 de octubre de 2014

Gérard de Nerval





EL DESDICHADO

Yo soy el sucio, el quebrado, el varón amargo,
El gran tartamudo, ladrón de envidias ajenas.
Mejor hubiera sido en sombras y en callado
Que en ávida procura de brillo en la palabra

Sin ganas de llegar a este triste aquí he llegado;
Hacia este feo y destemplado final declina todo.
El vivir que se quiso gozo es hoy vivir en vano,
Sin copa, sin sangre, sin levedad, ni risa alguna.

¿Soy yo aquel a quien Alegría  y Afecto deseaban?
Todavía me duele la boca de besar poemas,
Soñaba encuentros,  abrigaba penas y versos impunes.

Por  alejar bullicios  soplé equivocadas distancias,
Y con  fatal  razón negué  el valor de la  intemperie,
Ahora, ya canso, me espejo en roto y en secas soledades.


Gérard de Nerval. Traducción libre de Martín López Navia.




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