martes, 18 de marzo de 2014

Enrique Falcón / 2 poemas





PROTECCIÓN DE TESTIGOS



«La conciencia de que esta ecuación era posible: dolor que finalmente deviene rabia. La conciencia de que esta ecuación era aplicable a todo o casi todo».
Roberto Bolaño: 2666


Poco deben importarle
la disolución del pentotal en los días de trabajo
y la lenta inhalación de estrellas por su espalda.
Le pagaron por callarse
la dirección de las palomas, el remite en las postales
certificadas de tan lejos, la piel de una mujer
que él no ha visto y no ha besado,
—el corazón de los inviernos—,
las sedes comunistas, su necesidad de ir ardiendo
por una extremidad de la cara.
Toca apenas con los dedos
nuestro inútil portal, y la luz de todos los aullidos
que pincelan la tarde, por encima
de muertos y estaciones,
a un paso sólo del domingo
vuelve a casa, toma de su llave
se maquilla una lágrima con cuchillas de afeitar.

Enrique Falcón 








AMONAL PARA UNA FOSA COMÚN



«…en 1996 subían por las urnas
los supervivientes de una dictadura…»


Uno se desnuda al paso
cuerpo añico adentro de las tardes tontas,
y se mira en las estatuas
compadece en sus masacres
todo cuanto hiciera sin salida.
Así uno se desnuda, se despoja de muertos
y ventila el cuarto
con un suave saludo de desaparecido.
Vamos a decir que no ocurriera
que no están vivos todavía
y ocupando despachos y brindando en sus fiestas
por todos los muertos felices.
Vamos a decir que ya han perdido,
que se les tira palomas en todos los zoológicos,
comenzando sus caras
a no ser demasiado,
a cubrirse de helechos y a vengarse las víctimas.
Uno se desnuda y enloquecen los trajes
al saber del aullido de los presos, las fosas,
—al
esqueleto amarillo
ya podéis odiarlo.


Enrique Falcón 





***

domingo, 16 de marzo de 2014

Adrienne Rich / (Instantánea de una nuera)





1
Tú, otrora una belleza en Shreveport
con cabello coloreado con alheña,
la piel como yema de durazno,
aún tienes tus vestidos copiados de aquella época
y tocas un preludio de Chopin,
llamado por Cortot: "Deliciosos recuerdos
flotan como perfume a través de la memoria."

Tu mente ahora, moldeada como una torta de boda,
pesada de inútiles experiencias, rica
de suspicacia, chismes, fantasía,
desmenuzada bajo el filo de los meros hechos.
En la flor de tu edad.

Nerviosa, enojada, tu hija seca
las cucharas de té, crece de otra forma.



Adrienne Rich (Baltimore,1929) de Snapshots of a daughter-in-law (Instantánea de una nuera)
Versión J. Aulicino



***

viernes, 14 de marzo de 2014

Juan Gelman





COSTUMBRES

no es para quedarnos en casa que hacemos una casa
no es para quedarnos en el amor que amamos
y no morimos para morir
tenemos sed y
paciencias de animal


Juan Gelman



***

miércoles, 12 de marzo de 2014

Bertolt Brecht / Canción de los poetas líricos






Canción de los poetas líricos
(Cuando, en el primer tercio del siglo xx, no se pagaba ya nada por las poesías.)

Esto que vais a leer está en verso.
Lo digo porque acaso no sabéis ya lo que es un verso ni un poeta.
En verdad, no os portasteis muy bien con nosotros.

¿No habéis notado nada? ¿Nada tenéis que preguntar?
¿No observasteis que nadie publicaba ya versos?
¿Y sabéis la razón? Os la voy a decir:
Antes, los versos se leían y pagaban.

Nadie paga ya nada por la poesía.
Por eso hoy no se escribe. Los poetas preguntan:
«¿Quién la lee?» Mas también se preguntan:
«¿Quién la paga?»
Si no pagan, no escriben. A tal situación los habéis reducido.
Pero ¿por qué?, se pregunta el poeta. ¿Qué falta he cometido?
¿No hice siempre lo que me exigían los que me pagaban?
¿Acaso no he cumplido mis promesas?
Y oigo decir a los que pintan cuadros

que ya no se compra ninguno. Y los cuadros también
fueron siempre aduladores; hoy yacen en el desván...
¿Qué tenéis contra nosotros? ¿Por qué no queréis pagar?
Leemos que os hacéis cada día más ricos...

¿Acaso no os cantamos, cuando teníamos
el estómago lleno, todo lo que disfrutabais en la tierra?
Así lo disfrutabais otra vez: la carne de vuestras mujeres,
la melancolía del otoño, el arroyo, sus aguas bajo la luna...

Y el dulzor de vuestras frutas. El rumor de la hoja al caer.
Y de nuevo la carne de vuestras mujeres. Y lo invisible
sobre vosotros. Y hasta el recuerdo del polvo
en que os habéis de transformar al final.

Pero no es sólo esto lo que pagabais gustosos. Lo que escribíamos
sobre aquellos que no se sientan como vosotros en sillas de oro,
también nos lo pagabais siempre. ¡Cuántas lágrimas enjugamos!
¡Cuántas veces consolamos a quienes vosotros heríais!
Mucho hemos trabajado para vosotros. jamás nos negamos.
Siempre nos sometimos. Lo más que decíamos era «¡Pagadlo!»
¡Cuántos crímenes hemos cometido así por vosotros!
¡Cuántos crímenes!
¡Y siempre nos conformábamos con las sobras de vuestra comida!

Ay, ante vuestros carros hundidos en sangre y porquería
nosotros siempre uncimos nuestras grandes palabras.
A vuestro corral de matanzas le llamamos «campo del honor»,
y «hermanos de labios largos» a vuestros cañones.

En los papeles que pedían impuestos para vosotros
hemos pintado los cuadros más maravillosos.
Y declamando nuestros cantos ardientes
siempre os volvieron a pagar los impuestos.

Hemos estudiado y mezclado las palabras como drogas,
aplicando tan sólo las mejores, las más fuertes.
Quienes las tomaron de nosotros, se las tragaron,
y se entregaron a vuestras manos como corderos.

A vosotros os hemos comparado sólo con aquello que os placía.
En general, con los que fueron también celebrados injustamente
por quienes les calificaban de mecenas sin tener nada caliente en el estómago.
Y furiosamente perseguimos a vuestros enemigos con poesías como puñales.

¿Por qué, de pronto, dejáis de visitar nuestros mercados?
¡No tardéis tanto en comer! ¡Se nos enfrían las sobras!
¿Por qué no nos hacéis más encargos? ¿Ni un cuadro?
¿Ni una loa siquiera?
¿Es que os creéis agradables tal como sois?

¡Tened cuidado! ¡No podéis prescindir de nosotros!
Ojalá supiéramos cómo atraer
vuestra mirada hacia nosotros!
Creednos, señores: hoy seríamos más baratos.
Pero no podemos regalarles nuestros cuadros y versos.

Cuando empecé a escribir esto que leéis -¿lo estáis leyendo?¬
me propuse que todos los versos rimaran.
Pero el trabajo me parecía excesivo, lo confieso a disgusto,
y pensé: ¿Quién me lo pagará? Decidí dejarlo.


Bertolt Brecht



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lunes, 10 de marzo de 2014

Arthur Rimbaud / EL BARCO EBRIO





EL BARCO EBRIO

Cuando descendía por Ríos impasibles,
Ya no me sentí guiado por los sirgadores:
Pieles rojas aullando, los tomaron por blanco
clavándolos desnudos en postes de colores.

No me importaba ningún equipaje,
Carguero de trigo flamenco o de algodón inglés.
Cuando aquel desorden acabó con mis hombres,
Los Ríos me dejaron descender a donde quise.

Entre los chapoteos furiosos de la marea,
Yo, el otro invierno, más sordo que el cerebro de los niños
¡bogaba! Y las Penínsulas desamarradas
Nunca han experimentado barullos más triunfantes.

La tempestad bendijo mis vigilias marítimas.
Más ligero que un corcho bailé sobre las olas
Que llaman eternas rotadoras de víctimas
¡Diez noches, sin añorar el ojo idiota de los faroles!

Más dulce que para un niño la carne de manzanas ácidas,
Impregnó el agua verde mi casco de abeto
Y de manchas de vino azul y vómitos,
Me lavó dispersando timón y ancla.

Y desde entonces, me baño en el Poema
De la Mar, infusada de astros, y lactescente,
Devorando los azules verdes; donde flotación pálida,
y bermeja, un ahogado pensativo a veces desciende.

Donde, tiñendo de golpe las azulaciones, delirios
Y ritmos lentos bajo las rutilaciones del día,
Más fuertes que el alcohol, más bastas que nuestras liras,
¡Fermentan las rojeces amargas del amor!

Sé de los cielos despedazados en rayos, y de las trombas,
y las resacas y las corrientes; sé de la tarde,
Del alba exaltada como un pueblo de palomas,
¡He visto varias veces lo que el hombre ha creído ver!

¡Vi al sol poniente, manchado de místicos horrores,
Iluminando vastos coágulos violetas,
Parecidos a actores de dramas antiguos,
Olas rodando a lo lejos su temblor de postigos!

¡Soñé la noche verde de nieves deslumbrantes,
Beso que asciende de los ojos del mar con lentitudes
La circulación de savias inauditas,
Y el aviso azul y amarillo de los fósforos cantores!

¡He seguido por meses enteros, parecido a los ganados
Histéricos, los embates de las mareas contra los arrecifes,
Sin soñar que los pies luminosos de las Marías
Pudieran domar morros de Océanos asmáticos!

¡He embestido, sépanlo, increíbles Floridas,
Donde se mezclaban a flores de ojos de pantera con piel
De hombres! arco iris tendidos como bridas
Bajo el horizonte de los mares, para glaucos rebaños.

¡He visto fermentar las marismas enormes, trampas
Donde todo un Leviatán se pudre entre los juncos!
¡Avalanchas de aguas en medio de bonanzas,
Y las lejanías abismales caer en cataratas!

¡Glaciares, soles de plata, olas de nácar, cielos de brasas!
¡Naufragios odiosos en el fondo de Golfos oscuros
Donde las enormes serpientes son devoradas por las chinches,
Y caen de los árboles torcidos, como negros perfumes!

Quisiera haber mostrado a los niños esos dorados
De ola azul, esos peces de oro, esos peces cantores.
–La espuma en flor meció mis salidas de rada
Y de inefables vientos me han alado por instantes.

A veces, mártir harto de polos y de zonas,
La mar cuyo sollozo mi vaivén suavizaba,
Subía sobre mí sus flores de sombra con ventosas amarillas
Y yo permanecía así, como una mujer arrodillada…

Casi isla, bamboleaba en mis bordes sus querellas
Y los excrementos de pájaros cantores de ojos rubios,
Y bogué, mientras atravesando mis frágiles cordajes
¡Los ahogados descendían a dormir, reculando!

Oh yo, barco perdido bajo los cabellos de las algas,
Lanzado por el huracán en el éter sin pájaros,
Yo, a quien los monitores o veleros del Hansa
No le hubieran salvado el casco ebrio de agua;

Libre, humeante, envuelto en brumas violetas,
Yo, que agujereaba el cielo rojizo como un muro
Que tiene, confitura exquisita para los buenos poetas
los líquenes del sol y mocos de azur;

Que corría, manchado de lúnulas eléctricas,
Loca tabla, escoltada por hipocampos negros,
Cuando los julios hacen caer a garrotazos,
Cielos ultramarinos de las ardientes tovas;

Yo que temblaba, al oír gimiendo a cincuenta leguas,
El celo de los Behemots y los Maelstroms densos,
Hilandero eterno de quietudes azules,
¡Yo añoro, la Europa de los viejos parapetos!

¡He visto archipiélagos siderales, islas
Donde cielos delirantes son abiertos al Viajero!
– ¿Es en noches sin fondo como estas que tú duermes y te exilias,
millón de pájaros de oro, o futuro vigor?–

Sin embargo, es verdad ¡he llorado demasiado! El alba es dolorosa.
Toda luna es atroz y todo sol amargo.
El acre amor me ha hinchado de torpotes embriagantes:
¡Oh que mi quilla estalle! ¡Oh que me hunda en la mar!

Si yo deseo algún agua de Europa, es la charca
Negra y fría donde en el crepúsculo embalsamado
Un niño arrodillado lleno de tristezas, suelta
Un barquito frágil como una mariposa de mayo...

No puedo más, bañado por vuestras languideces, oh olas,
Escoltar la senda del carguero algodonero,
Ni atravesar el orgullo de banderas y estandartes,
Ni nadar bajo los ojos horribles de los pontones.

Arthur Rimbaud



*** 

sábado, 8 de marzo de 2014

Leopoldo María Panero (1948-2014)







DESEO DE SER PIEL ROJA

La llanura infinita y el cielo su reflejo.
Deseo de ser piel roja.
A las ciudades sin aire llega a veces sin ruido
el relincho de un onagro o el trotar de un bisonte.
Deseo de ser piel roja.
Sitting Bull ha muerto: no hay tambores
que anuncien su llegada a las Grandes Praderas.
Deseo de ser piel roja.
El caballo de hierro cruza ahora sin miedo
desiertos abrasados de silencio.
Deseo de ser piel roja.
Sitting Bull ha muerto y no hay tambores
para hacerlo volver desde el reino de las sombras.
Deseo de ser piel roja.
Cruzó un último jinete la infinita
llanura, dejó tras de sí vana
polvareda, que luego se deshizo en el viento.
Deseo de ser piel roja.
En la Reservación no anida
serpiente cascabel, sino abandono.
DESEO DE SER PIEL ROJA.
(Sitting Bull ha muerto, los tambores
lo gritan sin esperar respuesta.)

Leopoldo María Panero

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El deseo de ser indio de Kafka.

"Si pudiera ser un indio, ahora mismo, y sobre un caballo a todo galope, con el cuerpo inclinado y suspendido en el aire, estremeciéndome sobre el suelo oscilante, hasta dejar las espuelas, pues no tenía espuelas, hasta tirar las riendas, pues no tenía riendas, y sólo viendo ante mí un paisaje como una pradera segada, ya sin el cuello y sin la cabeza del caballo."

Franz Kafka

***






El loco mirando desde la puerta del jardín

Hombre normal que por un momento
cruzas tu vida con la del esperpento
has de saber que no fue por matar al pelícano
sino por nada por lo que yazgo aquí entre otros sepulcros
y que a nada sino al azar y a ninguna voluntad sagrada
de demonio o de dios debo mi ruina.

Leopoldo María Panero



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jueves, 6 de marzo de 2014

José Emilio Pacheco / Reposo del fuego




Miro sin comprender, busco el sentido
de estos hechos brutales.
                                          De repente
oigo latir el fondo del espacio,
la eternidad gastándose.
                                         Y contemplo
 la insolencia feliz con que la lluvia
ahoga este minuto y encarniza
su plural mordedura contra el aire.


José Emilio Pacheco



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martes, 4 de marzo de 2014

Wislawa Szymborska






La cebolla.


La cebolla es otra cosa.
Ni siquiera tiene entrañas.
Es cebolla enteramente,
al más cebolloso grado.
Por fuera tan cebolluda,
cebollina de raíz,
puede escrutarse por dentro
sin ningún remordimiento.

En nosotros todo extraño,
apenas de piel cubiertos,
y una anatomía violenta,
terror de la medicina,
y en la cebolla, cebolla
y no intestinos torcidos.
Desnuda repetidamente
y similar hasta el fin.

Un ser sin contradicciones,
criatura muy bien lograda.
En una cebolla hay otra,
en la grande una pequeña
y así, sucesivamente,
una tercera, una cuarta.
Una centrípeta fuga.
Un eco cantado a coro.
A la cebolla la entiendo:
el mejor vientre del mundo.
Sola se rodea de aureolas
y para su propia gloria.
Nosotros: grasas y nervios,
secreciones y secretos.
Y se nos ha denegado
la idiotez de lo perfecto.

Wislawa Szymborska.





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domingo, 2 de marzo de 2014

Despedida / Serguei Esenin








Adiós, amigo mío, adiós
tú estás en mi corazón.
Una separación predestinada
promete un encuentro futuro.

Adiós, amigo mío,
sin estrechar la mano ni palabra
no te entristezcas y ninguna
melancolía sobre las cejas
morir en esta vida no es nuevo,
pero tampoco es nuevo el vivir.


Serguei Esenin



(El poeta se suicidó el 27 de diciembre de 1925 en el hotel Angleterre de Leningrado; se ahorcó. El poema se lo dedicó a su amigo Volf Ehrlich)


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jueves, 27 de febrero de 2014

Proverbios y cantares / Antonio Machado






Proverbios y cantares

1.    Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse.

2. ¿Para qué llamar caminos
a los surcos del azar?...
Todo el que camina anda,
como Jesús, sobre el mar.

3. A quien nos justifica nuestra desconfianza
llamamos enemigo, ladrón de una esperanza.
Jamás perdona el necio si ve la nuez vacía
que dio a cascar al diente de la sabiduría.

4. Nuestras horas son minutos
cuando esperamos saber,
y siglos cuando sabemos
lo que se puede aprender.

5. Ni vale nada el fruto
cogido sin sazón...
Ni aunque te elogie un bruto
ha de tener razón.

6. De lo que llaman los hombres
virtud, justicia y bondad,
una mitad es envidia,
y la otra, no es caridad.

7. Yo he visto garras fieras en las pulidas manos;
conozco grajos mélicos y líricos marranos...
El más truhán se lleva la mano al corazón,
y el bruto más espeso se carga de razón.

8. En preguntar lo que sabes
el tiempo no has de perder..
Y a preguntas sin respuesta
¿quién te podrá responder?

9. El hombre, a quien el hambre de la rapiña acucia,
de ingénita malicia y natural astucia,
formó la inteligencia y acaparó la tierra.
¡Y aun la verdad proclama! ¡Supremo ardid de guerra!

10. La envidia de la virtud
hizo a Caín criminal.
¡Gloria a Caín! Hoy el vicio
es lo que se envidia más.





11. La mano del piadoso nos quita siempre honor;
mas nunca ofende al damos su mano el lidiador.
Virtud es fortaleza, ser bueno es ser valiente;
escudo, espada y maza llevar bajo la frente
porque el valor honrado de todas armas viste:
no sólo para, hiere, y más que aguarda, embiste.
Que la piqueta arruine, y el látigo flagele;
la fragua ablande el hierro, la lima pula y gaste,
y que el buril burile, y que el cincel cincele,
la espada punce y hienda y el gran martillo aplaste.


12. ¡Ojos que a luz se abrieron
un día para, después,
ciegos tornar a la tierra,
hartos de mirar sin ver!

13. Es el mejor de los buenos
quien sabe que en esta vida
todo es cuestión de medida:
un poco más, algo menos...

14. Virtud es la alegría que alivia el corazón
más grave y desarruga el ceño de Catón.
El bueno es el que guarda, cual venta del camino,
para el sediento el agua, para el borracho el vino.

15. Cantad conmigo en coro: Saber, nada sabemos,
de arcano mar vinimos, a ignota mar iremos...
Y entre los dos misterios está el enigma grave;
tres arcas cierra una desconocida llave.
La luz nada ilumina y el sabio nada enseña.
¿Qué dice la palabra? ¿Qué el agua de la peña?

16. El hombre es por natura la bestia paradójica,
un animal absurdo que necesita lógica.
Creó de nada un mundo y, su obra terminada,
«Ya estoy en el secreto -se dijo-, todo es nada.»

17. El hombre sólo es rico en hipocresía.
En sus diez mil disfraces para engañar confía;
y con la doble llave que guarda su mansión
para la ajena hace ganzúa de ladrón.

18. ¡Ah, cuando yo era niño
soñaba con los héroes de la Ilíada!
Ayax era más fuerte que Diómedes,
Héctor, más fuerte que Ayax,
y Aquiles el más fuerte; porque era
el más fuerte... ¡Inocencias de la infancia!
¡Ah, cuando yo era niño
soñaba con los héroes de la Ilíada!

19. El casca-nueces-vacías,
Colón de cien vanidades,
vive de supercherías
que vende como verdades.

20. ¡Teresa, alma de fuego,
Juan de la Cruz, espíritu de llama
por aquí hay mucho frío, padres, nuestros
corazoncitos de Jesús se apagan!

21. Ayer soñé que veía
a Dios y que a Dios hablaba;
y soñé que Dios me oía...
Después soñé que soñaba.

22. Cosas de hombres y mujeres,
los amoríos de ayer,
casi los tengo olvidados,
si fueron alguna vez.

23. No extrañéis, dulces amigos,
que esté mi frente arrugada;
yo vivo en paz con los hombres
y en guerra con mis entrañas.

24. De diez cabezas, nueve
embisten y una piensa.
Nunca extrañéis que un bruto
se descuerne luchando por la idea. 








25. Las abejas de las flores
sacan miel, y melodía
del amor, los ruiseñores;
Dante y yo -perdón, señores-,
trocamos -perdón, Lucía-,
el amor en Teología.

26. Poned sobre los campos
un carbonero, un sabio y un poeta.
Veréis cómo el poeta admira y calla,
el sabio mira y piensa...
Seguramente, el carbonero busca
las moras o las setas.
Llevadlos al teatro
y sólo el carbonero no bosteza.
Quien prefiere lo vivo a lo pintado
es el hombre que piensa, canta o sueña.
El carbonero tiene
llena de fantasías la cabeza.

27. ¿Dónde está la utilidad
de nuestras utilidades?
Volvamos a la verdad:
vanidad de vanidades.

28. Todo hombre tiene dos
batallas que pelear:
en sueños lucha con Dios;
y despierto, con el mar.

29. Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.

30. El que espera desespera,
dice la voz popular.
¡Qué verdad tan verdadera!

La verdad es lo que es,
y sigue siendo verdad
aunque se piense al revés.

31. Corazón, ayer sonoro,
¿ya no suena
tu monedilla de oro?
Tu alcancía,
antes que el tiempo la rompa,
¿se irá quedando vacía?
Confiemos
en que no será verdad
nada de lo que sabemos.

32. ¡Oh fe del meditabundo!
¡Oh fe después del pensar!
Sólo si viene un corazón al mundo
rebosa el vaso humano y se hincha el mar.

33. Soñé a Dios como una fragua
de fuego, que ablanda el hierro,
como un forjador de espadas,
como un bruñidor de aceros,
que iba firmando en las hojas
de luz: Libertad. -Imperio.

34. Yo amo a Jesús, que nos dijo
Cielo y tierra pasarán.
Cuando cielo y tierra pasen
mi palabra quedará.
¿Cuál fue, Jesús, tu palabra?
¿Amor? ¿Perdón? ¿Caridad?
Todas tus palabras fueron
una palabra: Velad.

35. Hay dos modos de conciencia:
una es luz, y otra, paciencia.
Una estriba en alumbrar
un poquito el hondo mar;
otra, en hacer penitencia
con caña o red, y esperar
el pez, como pescador.
Dime tú. ¿Cuál es mejor?
¿Conciencia de visionario
que mira en el hondo acuario
peces vivos,
fugitivos,
que no se pueden pescar,
o esa maldita faena
de ir arrojando a la arena,
muertos, los peces del mar?

36. Fe empirista. Ni somos ni seremos.
Todo nuestro vivir es emprestado.
Nada trajimos; nada llevaremos.

37. ¿Dices que nada se crea?
No te importe, con el barro
de la tierra, haz una copa
para que beba tu hermano.

38. ¿Dices que nada se crea?
Alfarero, a tus cacharros.
Haz tu copa y no te importe
si no puedes hacer barro.

39. Dicen que el ave divina
trocada en pobre gallina,
por obra de las tijeras
de aquel sabio profesor
(fue Kant un esquilador
de las aves altaneras;
toda su filosofía,
un sport de cetrería),
dicen que quiere saltar
las tapias del corralón,
y volar
otra vez, hacia Platón.
¡Hurra! ¡Sea!
¡Feliz será quien lo vea!




40. Sí, cada uno y todos sobre la tierra iguales:
el ómnibus que arrastran dos pencos matalones,
por el camino, a tumbos, hacia las estaciones,
el ómnibus completo de viajeros banales,
y en medio un hombre mudo, hipocondríaco, austero,
a quien se cuentan cosas y a quien se ofrece vino...
Y allá, cuando se llegue, ¿descenderá un viajero
no más? ¿O habránse todos quedado en el camino?

41. Bueno es saber que los vasos
nos sirven para beber;
lo malo es que no sabemos
para qué sirve la sed.

42. ¿Dices que nada se pierde?
Si esta copa de cristal
se me rompe, nunca en ella
beberé, nunca jamás.

43. Dices que nada se pierde,
y acaso dices verdad;
pero todo lo perdemos
y todo nos perderá.

44. Todo pasa y todo queda;
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

45. Morir... ¿Caer como gota
de mar en el mar inmenso?
¿O ser lo que nunca ha sido:
uno, sin sombra y sin sueño,
un solitario que avanza
sin camino y sin espejo?

46. Anoche soné que oía
a Dios, gritándome: ¡Alerta!
Luego era Dios quien dormía,
y yo gritaba: ¡Despierta!

47. Cuatro cosas tiene el hombre
que no sirven en la mar:
ancla, gobernalle y remos,
y miedo de naufragar.

48. Mirando mi calavera
un nuevo Hamlet dirá:
He aquí un lindo fósil de una
careta de carnaval.

49. Ya noto, al paso que me torno viejo,
que en el inmenso espejo,
donde orgulloso me miraba un día,
era el azogue lo que yo ponía.
Al espejo del fondo de mi casa
una mano fatal
ya rayendo el azogue, y todo pasa
por él como la luz por el cristal. 




50. -Nuestro español bosteza.
¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío?
Doctor, ¿tendrá el estómago vacío?
-El vacío es más bien en la cabeza.

51. Luz del alma, luz divina,
faro, antorcha, estrella, sol...
Un hombre a tientas camina;
lleva a la espalda un farol.

52. Discutiendo están dos mozos
si a la fiesta del lugar
irán por la carretera
o campo atraviesa irán.
Discutiendo y disputando
empiezan a pelear.
Ya con las trancas de pino
furiosos golpes se dan;
ya se tiran de las barbas,
que se las quieren pelar.
Ha pasado un carretero,
que va cantando un cantar:
«Romero, para ir a Roma,
lo que importa es caminar;
a Roma por todas partes,
por todas partes se va.»

53. Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

Antonio Machado



***

viernes, 21 de febrero de 2014

Julio Vélez, Jamete, Torres Naharro y Servet: Cárcel y censura / Julio Vélez Sainz




Julio Vélez, Jamete, Torres Naharro y Servet: Cárcel y censura

Julio Vélez Sainz
UCM

Una sección importante de la única novela de Julio Vélez, El bosque sumergido (Madríd, Orígenes; Premio Alcorcón de Novela Corta, 1983) está dedicada a la minuciosa reconstrucción de una tortura en una cárcel inquisitorial.  La base de la novela establece una solución de continuidad entre la opresión inquisitorial y la franquista, algo a lo que el autor no fue ajeno pues tuvo experiencias carcelarias. En la novela se insertan fragmentos de la reconstrucción del auto del escribano don Antonio Sevillano, en el que el reo Alonso de Alarcón es acusado de hereje:

dijo que la Virgen que abía fornicado con muchos y que no abía sido casada y que abía mucha jente delante, ms no se acuerda quienes eran. Y que es verdad que se acuerda que tiró un Santo Christo a un hombre. No sabe quién era. Y que es así mesmo verdad que por el tiempo que la monición dice, dijo éste que Francisca su hija estaba más virgen que Nuestra Señora del Sagrario, y que tenía mejor papo que Nuestra Señora la Virgen María. (65)

Tras esto, Vélez aprovecha para yuxtaponer, con buen tino, la experiencia carcelaria de Alarcón con la de su protagonista, Luis, indudablemente eco de  su estancia.
A la hora de realizar la edición del teatro completo de Bartolomé de Torres Naharro, quiso la casualidad que me encontrara con un documento histórico que parangona el que usa mi padre. Me refiero al caso del escultor francés Esteban Jamete quien fue detenido por la Inquisición y sometido a proceso por hereje, apóstata y encubridor entre julio de 1557 y febrero de 1558. Este fue investigado por la inquisición por una denuncia de varios compañeros de trabajo e incluso de familiares. Jamete dijo en la audiencia que el Padre en su tallado de la Trinidad no debía ser representado como anciano, ni el hijo como joven

«sino que avían de yr en una misma figura e semejanza porque aunque son tres personas son un solo dios e una eternidad» tal y como había leído en «el libro de la Propaladia especial en ciertas preguntas e respuestas sobre ello de que allí se trata»

La Propaladia  es un libro de Torrres Naharro, el principal autor teatral del momento hasta su inclusión en los índices de la Inquisición, lo que cercenó su difusión. El escultor Jamete se refería a una sección del Diálogo del nacimiento (obra que, además, fue expurgada en la edición que la Inquisición sacó en 1573) en la que se hace un distingo las tres figuras de Dios en un eco de la diatriba sobre la existencia de la Trinidad de autores ya abiertamente “herejes” como Miguel Servet.

Jamete fue sentenciado a «reconciliacion en forma”: tres años en la cárcel y tres años de sambenito junto con la confiscación de su propiedad.

Servet fue quemado en la hoguera protestante.

Las obras de Torres Naharro fueron censuradas.

La historia del control mental sigue viva.










El jueves 27 de febrero a las 19:00 tendrá lugar la presentación del “Teatro completo” de Bartolomé de Torres Naharro en la Biblioteca Nacional (Pº Recoletos). Hablaremos Ana Zamora (Nao d´amores), Javier Huerta (UCM) y Luciano García Lorenzo (CSIC, antiguo director del Festival de Almagro) y yo mismo.

Estáis todos invitados.


Julio Vélez Sainz


Para más información, véase

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miércoles, 19 de febrero de 2014

Rosario Castellanos (1925-1974)




"autorretrato"

Yo soy una señora: tratamiento
arduo de conseguir, en mi caso, y más útil
para alternar con los demás que un título
extendido a mi nombre en cualquier academia.

Así, pues, luzco mi trofeo y repito:
yo soy una señora. Gorda o flaca
según las posiciones de los astros,
los ciclos glandulares
y otros fenómenos que no comprendo.

Rubia, si elijo una peluca rubia.
O morena, según la alternativa.
(En realidad, mi pelo encanece, encanece.)

Soy más o menos fea. Eso depende mucho
de la mano que aplica el maquillaje.

Mi apariencia ha cambiado a lo largo del tiempo
-aunque no tanto como dice Weininger
que cambia la apariencia del genio-. Soy mediocre.
Lo cual, por una parte, me exime de enemigos
y, por la otra, me da la devoción
de algún admirador y la amistad
de esos hombres que hablan por teléfono
y envían largas cartas de felicitación.
Que beben lentamente whisky sobre las rocas
y charlan de política y de literatura.

Amigas… hmmm… a veces, raras veces
y en muy pequeñas dosis.
En general, rehuyo los espejos.
Me dirían lo de siempre: que me visto muy mal
y que hago el ridículo
cuando pretendo coquetear con alguien.

Soy madre de Gabriel: ya usted sabe, ese niño
que un día se erigirá en juez inapelable
y que acaso, además, ejerza de verdugo.
Mientras tanto lo amo.

Escribo. Este poema. Y otros. Y otros.
Hablo desde una cátedra.
Colaboro en revistas de mi especialidad
y un día a la semana publico en un periódico.

Vivo enfrente del Bosque. Pero casi
nunca vuelvo los ojos para mirarlo. Y nunca
atravieso la calle que me separa de él
y paseo y respiro y acaricio
la corteza rugosa de los árboles.

Sé que es obligatorio escuchar música
pero la eludo con frecuencia. Sé
que es bueno ver pintura
pero no voy jamás a las exposiciones
ni al estreno teatral ni al cine-club.

Prefiero estar aquí, como ahora, leyendo
y, si apago la luz, pensando un rato
en musarañas y otros menesteres.

Sufro más bien por hábito, por herencia, por no
diferenciarme más de mis congéneres
que por causas concretas.

Sería feliz si yo supiera cómo.
Es decir, si me hubieran enseñado los gestos,
los parlamentos, las decoraciones.

En cambio me enseñaron a llorar. Pero el llanto
es en mí un mecanismo descompuesto
y no lloro en la cámara mortuoria
ni en la ocasión sublime ni frente a la catástrofe.

Lloro cuando se quema el arroz o cuando pierdo
el último recibo del impuesto predial.


Rosario Castellanos (1925-1974)

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