domingo, 24 de noviembre de 2013

César Vallejo / PARÍS, OCTUBRE 1936




PARÍS, OCTUBRE 1936

De todo esto yo soy el único que parte.
De este banco me voy, de mis calzones,
de mi gran situación, de mis acciones,
de mi número hendido parte a parte,
de todo esto yo soy el único que parte.
De los Campos Elíseos al dar vuelta
la extraña callejuela de la luna,
mi defunción se va, parte de mi cuna,
y, rodeada de gente, sola, suelta,
mi semejanza humana dase vuelta
y despacha sus sombras una a una.
Y me alejo de todo, porque todo
se queda para hacer la coartada:
mi zapato, su ojal, también su lodo
y hasta el doblez del codo
de mi propia camisa abotonada.

César Vallejo



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viernes, 22 de noviembre de 2013

Oliverio Girondo / Tres (de Veinte poemas para ser leídos en el tranvía)





Café-concierto

Las notas del pistón describen trayectorias de cohete, vacilan en el aire, se apagan antes de darse contra el suelo.

Salen unos ojos pantanosos, con mal olor, unos dientes podridos por el dulzor de las romanzas, unas piernas que hacen humear el escenario.

La mirada del público tiene más densidad y más calorías que cualquier otra, es una mirada corrosiva que atraviesa las mallas y apergamina la piel de las artistas.

Hay un grupo de marineros encandilados ante el faro que un “maquereau” tiene en el dedo meñique, una reunión de prostitutas con un relente a puerto, un inglés que fabrica niebla con sus pupilas y su pipa.

La camarera me trae, en una bandeja lunar, sus senos semi-desnudos... unos senos que me llevaría para calentarme los pies cuando me acueste.

El telón, al cerrarse, simula un telón entreabierto.

Brest, agosto, 1920






Exvoto

A las chicas de Flores

Las chicas de Flores, tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de la Confitería del Molino, y usan moños de seda que les liban las nalgas en un aleteo de mariposa.

Las chicas de Flores, se pasean tomadas de los brazos, para transmitirse sus estremecimientos, y si alguien las mira en las pupilas, aprietan las piernas, de miedo de que el sexo se les caiga en la vereda.

Al atardecer, todas ellas cuelgan sus pechos sin madurar del ramaje de hierro de los balcones, para que sus vestidos se empurpuren al sentirlas desnudas, y de noche, a remolque de sus mamas —empavesadas como fragatas— van a pasearse por la plaza, para que los hombres les eyaculen palabras al oído, y sus pezones fosforescentes se enciendan y se apaguen como luciérnagas.

Las chicas de Flores, viven en la angustia de que las nalgas se les pudran, como manzanas que se han dejado pasar, y el deseo de los hombres las sofoca tanto, que a veces quisieran desembarazarse de él como de un corsé, ya que no tienen el coraje de cortarse el cuerpo a pedacitos y arrojárselo, a todos los que les pasan la vereda.

Buenos Aires, octubre, 1920




Pedestre

En el fondo de la calle, un edificio público aspira el mal olor de la ciudad.

Las sombras se quiebran el espinazo en los umbrales, se acuestan para fornicar en la vereda.

Con un brazo prendido a la pared, un farol apagado tiene la visión convexa de la gente que pasa en automóvil.

Las miradas de los transeúntes ensucian las cosas que se exhiben en los escaparates, adelgazan las piernas que cuelgan bajo las capotas de las victorias.

Junto al cordón de la vereda un quiosco acaba de tragarse una mujer.

Pasa: una inglesa idéntica a un farol. Un tranvía que es un colegio sobre ruedas. Un perro fracasado, con ojos de prostituta que nos da vergüenza mirarlo y dejarlo pasar.

De repente: el vigilante de la esquina detiene de un golpe de batuta todos los estremecimientos de la ciudad, para que se oiga en un solo susurro, el susurro de todos los senos al rozarse.

Buenos Aires, agosto, 1920


En Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922)
Obra, Buenos Aires, Losada, 1968

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miércoles, 20 de noviembre de 2013

Oda a la vida retirada / de fray luis de león




Oda a la vida retirada / de fray luis de león


¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruido
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!

Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio moro, en jaspes sustentado.

No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.

¿Qué presta a mi contento,
si soy del vano dedo señalado,
si en busca de este viento
ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado?

¡Oh monte, oh fuente, oh río!
¡Oh secreto seguro, deleitoso!
Roto casi el navío
a vuestro almo reposo,
huyo de aqueste mar tempestuoso.

Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de quien la sangre ensalza o el dinero.

Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido,
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido.

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.

Del monte en la ladera
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera,
de bella flor cubierto,
ya muestra en esperanza el fruto cierto.

Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.

Y luego sosegada,
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo,
y con diversas flores va esparciendo.

El aire el huerto orea
y ofrece mil olores al sentido,
los árboles menea
con un manso rüido
que del oro y del cetro pone olvido.

Ténganse su tesoro
los que de un falso leño se confían:
no es mío ver el lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían.

La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna, al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía.

A mí una pobrecilla
mesa de amable paz bien abastada
me basta, y la vajilla
de fino oro labrada
sea de quien la mar no teme airada.

Y mientras miserable
mente se están los otros abrasando
con sed insacïable
del no durable mando,
tendido yo a la sombra esté cantando

A la sombra tendido,
de hiedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado
del plectro sabiamente meneado.

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lunes, 18 de noviembre de 2013

CONFIANZA EN EL ANTEOJO, NÓ EN EL OJO; / César Vallejo





CONFIANZA EN EL ANTEOJO, NÓ EN EL OJO;
en la escalera, nunca en el peldaño;
en el ala, nó en el ave
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.
Confianza en la maldad, nó en el malvado;
en el vaso, mas nunca en el licor;
en el cadáver, no en el hombre
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.
Confianza en muchos, pero ya no en uno;
en el cauce, jamás en la corriente;
en los calzones, no en las piernas
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.
Confianza en la ventana, no en la puerta;
en la madre, mas no en los nueve meses;
en el destino, no en el dado de oro,
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.

César Vallejo



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sábado, 16 de noviembre de 2013

César Vallejo





“Un poema, es una entidad vital mucho más orgánica que un ser orgánico en la naturaleza. A un animal se le amputa un miembro y sigue viviendo. Pero si a un poema se le amputa un verso, una palabra, una letra, un signo ortográfico, muere”.

César Vallejo



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jueves, 14 de noviembre de 2013

Tomás Tranströmer





Gógol *

El saco roído como una manada de lobos.
La cara como una lasca de mármol.
Está sentado entre sus cartas
en el soto que susurra
escarnio y errores,
sí, el corazón sopla como un papel los pasajes
inhóspitos.
Ya el ocaso avanza a hurtadillas
como un zorro sobre este país,
pega fuego a la hierba en un minuto.
El espacio está lleno de cuernos y pezuñas
y abajo se desliza como sombra entre las fincas
alumbradas de mi padre.

Petersburgo a la misma altitud que la derrota
(¿viste a la hermosa en la torre inclinada?)
y en los barrios cubiertos de hielo
vaga aún como imán el pobre hombre en su capa.
Y aquí, envuelto en cuaresmas, está él,
antes rodeado de las tropas de la risa
que se fue hace tiempo a las regiones más distantes
que los árboles-fronteras.
La mesa tambaleante de hombres.
¡Mira hacia afuera cómo la oscuridad fija con fuego
una vía láctea de almas!
¡Carro de fuego que se va del país!



Tomás Tranströmer (Estocolmo, 1931), versión de Homero Aridjis, Traslaciones. Poetas traductores 1939-1959, recopilación de Tedi López Mills, Fondo de Cultura Económica, México, 2011 [edición no bilingüe]

* Traducción en colaboración con Pierre Zekeli.




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martes, 12 de noviembre de 2013

Mahmud Darwix




 Lo que queda de vida


Si me dijeran: Esta tarde será tu última tarde,
¿qué vas a hacer el tiempo que te queda?
―Miraré el reloj,
me beberé un zumo,
morderé una manzana
y me eternizaré mirando a una hormiga
que ha encontrado sustento...
Miraré de nuevo el reloj:
Me da tiempo a afeitarme
y a meterme en la bañera / Murmuraré:
«Para escribir, hay que estar presentable,
algo azul, por ejemplo...»
Me sentaré hasta mediodía, aún vivo:
las palabras carecen de color,
blanco, blanco, blanco...

Me haré la comida por última vez,
llenaré dos copas de vino,
no sea que venga alguien.
Echaré un sueño entre dos sueños
y me despertarán mis ronquidos...
Miraré de nuevo el reloj:
Me da tiempo a leer algo.
Leeré un poco de Dante y la mitad de una vieja casida,
y veré cómo la vida se va
con los demás, y no me preguntaré quién
va a llenar su vacío.
―¿Eso es?
―Eso es.
―¿Y luego?
―Me peinaré,
tiraré el poema, este poema,
a la papelera,
me pondré la camisa italiana más nueva
y me despediré de mí mismo
con violines de España.
Luego,
me iré andando
al cementerio.


 Mahmud Darwix


La huella de la mariposa.
Traducción de Luz Gómez García.
Pre-Textos. Valencia, 2013.


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domingo, 10 de noviembre de 2013

En la oficina / Robert Walser





En la oficina

La luna desde fuera nos contempla,
y me ve a mí,
pobre criado distraído, bajo
la estrecha mirada de mi patrón,
cómo con timidez me rasco el cuello.
No, nunca conocí rayos solares
que una vida duraran,
ni los conoceré. La carencia es mi sino;
me agobia tener que rascarme el cuello
bajo la mirada de mi patrón.
Es la luna la herida de la noche,
gotas de sangre, las estrellas todas.
Como la dicha me queda muy lejos,
me he vuelto comedido;
es la luna la herida de la noche

Robert Walser


Robert Walser. Poemas - Blancanieves
Traducción de Carlos Ortega
Barcelona, Icaria, 1997


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viernes, 8 de noviembre de 2013

Juako Escaso. Mañana sin amo.





¿Y si llega un día en que un Mosso
d'Esquadra pierda un ojo por disparos
de los manifestantes?

Entonces quizá podamos sentarnos
y definir la violencia.




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¿Quién será la primera en rebelarse
contra quienes al amparo de la ley impunemente
violentan, agreden y torturan?

¿Cuántas la seguirán tras comprender
que es el único camino?

¿Y qué cifra será necesaria
para reconocer en ello la normalidad
y no una desviación o directamente
un acto de terrorismo?



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La crisis no será el final
de esta tragedia

por eso urge hallar
nuevos senderos:

el capitalismo reserva
horrores aún no imaginados

horizontes de dolor
por explorar



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La diferencia entre el treinta y seis
y esto es grosso modo:

la extinción de las ideas
la lobotomía consumista
y la firme voluntad
de esposarnos al grillete
del mercado global

En estas condiciones la guerra
-piensa satisfecha
la cúpula capitalista- resulta
(por ahora) innecesaria





Juako Escaso. Mañana sin amo. Ed. La oveja roja, 2013





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miércoles, 6 de noviembre de 2013

Antonio Orihuela / BAJO TOLERANCIA




BAJO TOLERANCIA

I

Cuando, antes de soltar la artillería, el Gobierno
te dice que hay que ser tolerantes, malo,
prepara la cartera,
pide a Dios no tener niños en la escuela,
ni enfermedades,
ni pocos años como para que te hagan un contrato basura,
ni demasiados como para que seas tú el que directamente vaya a la basura.
Prepárate para una nueva lluvia de impuestos indirectos
que significan que la descarga es equitativa y democrática,
porque lo que no hay son cojones para hacerles pagar a los privilegiados
sus privilegios.
Esa es la efectiva tolerancia del sistema con los de arriba.

II

Mis amigos poetas
afirman que me quejo demasiado,
que la verdad, es difícil entrar en los países de la tolerancia,
pero una vez dentro,
la tolerancia
es que te la encuentras hasta en los semáforos en hora punta.
Tolerancia con el negro, con el marrón, con el amarillo
mientras trabajen por dos y cobren por medio,
con la sudaca, a mil quinientas la criada
y polvo gratis si se tercia.
Que para malos,
ya hizo Dios los skinheads.
iNosotros, por Dios, nosotros!
trozo de pan a la boca de mis hijos,
chalesito residensial, Ferrari uno por Testa Rossa de la familia,
casita en el Rrrrosssío, potrito jerezano.
i Nosotros
por Dios
nosotros!

III

Espero, sigo esperando, que en medio de tanta tolerancia
les dé a algunos, un día, por hacer la revolución,
por volver a colocar las palabras en su sitio
y dejar así de hacer poemas como éste
estéticamente malos
y dedicarme yo también
en alma y alma
a eso del azul, el cisne
y los versos más tristes.


Antonio Orihuela


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lunes, 4 de noviembre de 2013

Juan Gelman





EL PERRO                                                              
 

El poema no pide de comer. Come
los pobres platos que
gente sin vergüenza o pudor
le sirve en medio de la noche.
La palabra divina ya no existe. ¿Qué puede
hacer el poema, sino
contentarse con lo que le dan?
Después aullará por ahí
sin respuesta, será
otro perro perdido
en la ciudad impiadosa.

Juan Gelman

(De “Valer la Pena”. México, 1996-2000)



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sábado, 2 de noviembre de 2013

Denise Levertov





LA VIDA A NUESTRO ALREDEDOR


Para David Mitchell y David Hass



El álamo y el roble, toda la noche
despiertos. Y con
todos los climas de todos los días del año.
Hay una conciencia
indefinida.
El crepúsculo de ayer, casi finales
de agosto, duró, variando lentamente,
hasta el amanecer. Los sonidos del hombre
se silenciaron detrás de las cortinas.
Ningún ser humano vio la noche en este jardín
deslizando su azul en la mañana.
Sólo los árboles ciegos,
sin neuronas, la vivieron
y la conocieron por completo.


Denise Levertov



(de "Poems 1968-1972", New Directions Publishing Corporation, 1987.)
Versión en castellano de Sandra Toro





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